domingo, 20 de abril de 2014

INVENTOS DEL TBO: LA “PROCESADORA” DE COLOR PARA C41

Revelar negativo de color es fácil, muy fácil. Tan solo hay que comprar cualquier kit de revelado C41 (Tetenal, Fuji, Unicolor, Arista, Rollei) y seguir las instrucciones AL PIE DE LA LETRA tanto en el momento de la mezcla de los componentes químicos (que ha de ser muy exacta), como durante el procesado en sí. La precisión del color de un revelado de negativo C41 dependen sobre todo de:
  • La exactitud de la temperatura del revelador de color. (generalmente 38º con una tolerancia de solo 3 décimas de grado arriba o abajo)
  • Una agitación continua y suave. A pesar de que por varios sitios recomiendan agitar de manera intermitente como en los revelados de blanco y negro (por ejemplo, 15 segundos cada minuto o similar), lo mejores resultados se obtienen con una agitación ininterrumpida y no demasiado enérgica.
Pensando en las procesadoras semiautomáticas (por ejemplo tipo JOBO) me he fabricado un artilugio tan básico que a duras penas merece el nombre de “procesadora”, pero que cumple su función con muy buenos resultados.


Se trata de una cubeta con capacidad suficiente para contener las botellas de quimicos y el tanque de revelado, en cuyo fondo, para facilitar la rotación de este último, se han colocado unas pequeñas ruedas de las que venden en las ferreterías sujetas con cinta adhesiva de doble cara (que aunque parezca que no, aguanta el agua caliente sin desprenderse ni moverse).


En el momento previo al revelado se llena la cubeta de agua a mayor temperatura de la requerida, por ejemplo 40 grados, y se van dejando atemperar los químicos. Aunque en la fotografía el termómetro esté tomando la temperatura del baño, en realidad hay que introducirlo en alguna de las botellas pues esta es la temperatura que realmente nos interesa controlar. Sacando o metiendo agua caliente o fria de la cubeta se conseguirá después de algún tiempo que el revelador esté exactamente a 38 grados. Ese es el momento exacto de comenzar a revelar.


Inmediatamente después de llenar el tanque con el revelador de color, se coloca éste sobre las ruedas y con la mano, muy suavemente, se le hace girar varias vueltas hacia un lado y varias hacia otro, con una cadencia regular y no muy rápida (como una vuelta cada dos segundo, por ejemplo). Se procederá del mismo modo con el blanqueador/fijador.

Con este pequeño invento (que a lo mejor algún día complico con un motor o no) y siguiendo las instrucciones, los resultados son perfectos, sin alteraciones de color, desigualdades o manchas.

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